Los cazadores vascos le tienen en su punto de mira. Le culpan de acabar con las polladas de aves cinegéticas en los cotos y de tener que ver con la espectacular caída de la población de liebres. Pero la culpa no es suya.
(...) detrás de la desaparición de la liebre están múltiples factores. «Podemos hablar de la intensificación agraria, del uso de pesticidas, de la destrucción de hábitats, de la recogida del cereal con esas cosechadoras que dejan el rastrojo al ras y dejan a la liebre sin el soporte vertical que necesita para camuflarse, las enfermedades víricas...».
(...) Pero un argumento definitivo es el que arroja el parque gasteiztarra de Salburua, una zona vedada a la caza. Con una presencia muy importante de zorros, la abundancia de liebres es más que llamativa, hasta diez veces superior a la del resto de Araba en época estival. «Quiere decir que tampoco podemos olvidar a la caza como una de las causas que ha ido acabando con la liebre», defiende.
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