(...) En total 1.529 animales pasaron por este hospital. ¿No es eso una mala señal?, pregunta el NORTE. «Al contrario, significa que se ha logrado una mayor concienciación ciudadana, la gente que encuentra un ejemplar herido o muerto lo trae aquí o lo pone en conocimiento de las autoridades. Además, supone que, afortunadamente, no vivimos en la primavera silenciosa, hay vida en el campo», aclara el profesional.
(...) En este consultorio no hay listas de espera ni tarjetas sanitarias, aunque todo el que entra sale anillado por si algún día tiene que regresar o se localiza su cadáver. Esa información, como las necropsias que se realizan a los 'finados', es fundamental. Ofrece datos básicos para conocer el estado de la especie, los riesgos que corre y permite, al mismo tiempo, diseñar planes para su conservación.
La atención es exquisita, pero tampoco hay consuelos extraordinarios. Mantener la animalización es fundamental, porque el objetivo es que el enfermo vuelva a la naturaleza sin memoria de su encuentro con el hombre. Pocos mimos, contacto el justo. Es la clave para que la reinserción de buitres, milanos, cernícalos, águilas, avutardas o busardos ratoneros, entre otras muchas especies, sea un éxito. 'Silencio', se lee en los carteles colocados junto a los voladeros.
(...) El 90% de los enfermos son aves, la gran mayoría rapaces, y en el 95% de los casos la acción humana, colateral o directa, está detrás de la urgencia. Torretas y cables de la luz, las aspas de los agresivos aerogeneradores o el tráfico (los atropellos) forman parte del primer paquete. Pagan el precio de nuestro desarrollo.
Cuando Romairone se refiere al otro bloque de causas de ingreso le cambia la cara. En el centro de la Cañada Real se reciben bellos ejemplares que han recibido disparos o aves a las que el carbofurano, un fitosanitario agrícola, les ha agarrado con fuerza hacia el abismo. «Es el cáncer de la fauna», resume el veterinario. «El tema de los venenos es muy complicado, encierra un atavismo popular en contra de los predadores como competencia con las piezas cinegéticas. Es una práctica arraigada en ciertos sectores de cazadores, que por supuesto no se debe generalizar al colectivo», matiza el experto. Son una minoría, pero hacen mucho daño, porque es una acción no selectiva. Indiscriminada. El que come del cebo cárnico impregnado cae en las garras de la muerte. Pocas aves y mamíferos se salvan de estos reclamos malditos. A los que llegan vivos se les realiza un lavado de estómago.
(...)En el 99% de los casos la devolución del animal a su medio se hace en el entorno en el que fue capturado para que recupere las orientaciones que tuvo antes de entrar al hospital. Para los que no pueden retomar su vida les esperan otras posibilidades: entrar en un plantel reproductor de un programa de cría en cautividad, participar en algún centro de divulgación de la naturaleza o, si no queda otro remedio y los daños son irreparables, la eutanasia.

Foto: Gabriel Villamil